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10 Agosto 2026

El insomnio que nace en la oficina

Trabajadores, especialmente de la generación baby boomer, experimentan despertares frecuentes y un descanso no reparador asociado al estrés laboral. 

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El día termina, las luces se apagan y el cuerpo parece dispuesto a descansar. Sin embargo, para muchas personas el trabajo no abandona la habitación. Se transforma en preocupaciones, decisiones pendientes o tensiones que irrumpen durante la noche y fragmentan el sueño, dejando una sensación de cansancio que se acumula día tras día.

Lejos de ser una percepción subjetiva, esta realidad comienza a respaldarse con evidencia científica. Un estudio liderado por la Universidad de Edimburgo (Escocia) identificó que cerca del 70% de trabajadores entre 50 y 66 años presenta problemas persistentes de sueño clínicamente significativos, asociados en gran medida al estrés laboral y al equilibrio entre trabajo y vida personal [1].

Lo llamativo es que la mayoría dormía entre seis horas y media y ocho horas por noche, lo que demuestra que el inconveniente no necesariamente radica en la cantidad de sueño, sino en su calidad [2].

Los hallazgos cobran especial relevancia para la denominada generación baby boomer, integrada por individuos nacidos aproximadamente entre 1946 y 1964. Muchos continúan activos laboralmente, ocupan cargos de alta responsabilidad y, además, enfrentan exigencias familiares, económicas y de cuidado de terceros, factores que incrementan la carga física y emocional.

Más que dormir poco

Diversas investigaciones han demostrado que el estrés psicosocial en el trabajo favorece la aparición y persistencia del insomnio. Altas demandas laborales, escaso control sobre las decisiones, inseguridad en el empleo, conflictos con colegas y una baja satisfacción se han identificado como factores capaces de alterar la arquitectura normal del sueño y aumentar los despertares nocturnos [3].

Esta relación responde a mecanismos fisiológicos bien conocidos. El estrés activa de manera sostenida el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y el sistema nervioso simpático, elevando la liberación de cortisol y catecolaminas. Como consecuencia, el organismo permanece en un estado de hiperalerta que dificulta conciliar el sueño profundo y mantener un descanso continuo [4].

A corto plazo, estas alteraciones afectan la atención, la memoria, la velocidad de procesamiento, el rendimiento laboral y el estado de ánimo. Cuando el problema se prolonga durante meses o años, aumenta el riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, ansiedad, depresión y deterioro de la calidad de vida, configurando un círculo vicioso entre estrés, insomnio y menor desempeño [5].

Una mirada desde la medicina

Actualmente, el insomnio relacionado con el trabajo se entiende como un problema multifactorial. No depende exclusivamente de la carga laboral, sino también de factores individuales, ambientales y sociales que interactúan entre sí. Por ello, las estrategias terapéuticas deben contemplar tanto el manejo clínico del insomnio como la identificación de los factores desencadenantes presentes en el entorno laboral.

Desde la medicina del sueño, el insomnio crónico ya no se considera únicamente un síntoma, sino un trastorno con mecanismos fisiopatológicos propios. Uno de los modelos más aceptados es el de la hiperactivación, que plantea que estos pacientes mantienen un estado persistente de activación cognitiva, emocional y fisiológica, incluso durante la noche. Esta condición dificulta el inicio y la mantención del sueño, favorece despertares frecuentes y perpetúa el problema si no se interviene oportunamente mediante una evaluación integral y tratamientos basados en la evidencia [4].

Las principales guías clínicas coinciden en que la terapia cognitivo-conductual constituye el tratamiento de primera línea, mientras que los fármacos hipnóticos deben reservarse para situaciones específicas y por períodos limitados [6].

En paralelo, la evidencia en salud ocupacional demuestra que las intervenciones dirigidas a mejorar el entorno psicosocial del trabajo y promover el bienestar mental también contribuyen a reducir los síntomas de insomnio y favorecer un descanso de mejor calidad [7].

Descansar mejor también se entrena

La evidencia respalda medidas sencillas que pueden favorecer un descanso más reparador. Mantener horarios regulares para dormir y despertar, reducir la exposición a pantallas durante la hora previa al sueño, limitar el consumo de cafeína y alcohol en la tarde, realizar actividad física en forma habitual —evitando el ejercicio intenso antes de acostarse— y practicar técnicas de relajación o mindfulness han demostrado beneficios sobre la calidad del sueño [8].

En el ámbito laboral, favorecer pausas durante la jornada, establecer límites claros entre el trabajo y el tiempo personal, fortalecer la autonomía de los trabajadores y promover ambientes organizacionales saludables también son intervenciones efectivas [7].

Dormir bien ya no puede entenderse únicamente como una responsabilidad individual; además, constituye un indicador de salud ocupacional y un componente esencial del envejecimiento saludable.

Referencias:
[1] Tsanas A, Steffan B, Dixon B, Hay K, Pschetz L, Jandric J, Loretto W. Interrelations of work with health and wellbeing on a 50+ year old workforce assessed using longitudinal self-reports and actigraphy. Sci Rep. 2026 Jul 28;16(1):23215.
[2] Jansson-Fröjmark M, Lundqvist D, Lundqvist N, Linton SJ. Psychosocial work stressors for insomnia: a prospective study on 50-60-year-old adults in the working population. Int J Behav Med. 2007;14(4):222-8.
[3] Palmer KT, D'Angelo S, Harris EC, Linaker C, Sayer AA, Gale CR, Evandrou M, van Staa T, Cooper C, Coggon D. Sleep disturbance and the older worker: findings from the Health and Employment after Fifty study. Scand J Work Environ Health. 2017 Mar 1;43(2):136-145.
[4] Riemann D, Spiegelhalder K, Feige B, Voderholzer U, Berger M, Perlis M, Nissen C. The hyperarousal model of insomnia: a review of the concept and its evidence. Sleep Med Rev. 2010 Feb;14(1):19-31.
[5] Foo JK, Doan T. The impact of sleep quality on mental health in working Australians: A quasi-experimental approach. Soc Sci Med. 2023 Jul;329:116039.
[6] Edinger JD, Arnedt JT, Bertisch SM, Carney CE, Harrington JJ, Lichstein KL, Sateia MJ, Troxel WM, Zhou ES, Kazmi U, Heald JL, Martin JL. Behavioral and psychological treatments for chronic insomnia disorder in adults: an American Academy of Sleep Medicine clinical practice guideline. J Clin Sleep Med. 2021 Feb 1;17(2):255-262.
[7] Vega-Escaño J, Porcel-Gálvez AM, Diego-Cordero R, Romero-Sánchez JM, Romero-Saldaña M, Barrientos-Trigo S. Insomnia Interventions in the Workplace: A Systematic Review and Meta-Analysis. Int J Environ Res Public Health. 2020 Sep 2;17(17):6401.
[8] Rusch HL, Rosario M, Levison LM, Olivera A, Livingston WS, Wu T, Gill JM. The effect of mindfulness meditation on sleep quality: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Ann N Y Acad Sci. 2019 Jun;1445(1):5-16.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

insomnio, medicina del sueño, investigación