Diabetes tipo 5: una enfermedad históricamente olvidada
Vinculada a la desnutrición crónica y con características clínicas particulares, exige una atención personalizada y medidas de salud pública adaptadas a contextos de recursos limitados.
Se estima que alrededor de 25 millones de personas viven con una patología cada vez más reconocida a nivel mundial, pero que durante 70 años no tuvo una clasificación diagnóstica clara: la diabetes tipo 5 (T5D, de sus siglas en inglés). Más común en países de medianos y bajos ingresos, ha sido históricamente subdiagnosticada y opacada por la creciente prevalencia de otros tipos de diabetes [1, 2, 3].
Documentada por primera vez en Jamaica en 1955, fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1985 bajo la denominación de diabetes relacionada con la malnutrición. Catorce años más tarde, esta fue eliminada por evidencia insuficiente sobre su vínculo causal con la malnutrición. Sin embargo, ante la necesidad de una clasificación distintiva, la Federación Internacional de Diabetes (FID) la avaló oficialmente en 2025 [1, 2].
"Esta enfermedad es más común que la tuberculosis y casi tan frecuente como el VIH/SIDA, pero la falta de un nombre oficial ha dificultado los esfuerzos para diagnosticar a los pacientes o encontrar terapias eficaces. Tengo la esperanza de que este reconocimiento formal conduzca a avances frente a esta patología largamente desatendida, que debilita gravemente a las personas y que a menudo es mortal", detalla la doctora Meredith Hawkins, directora fundadora del Global Diabetes Institute [4].
El valor del diagnóstico diferencial
La T5D es el resultado de una desnutrición prolongada, especialmente durante la primera infancia y adolescencia. Esta puede deberse a una nutrición materna deficiente, infecciones frecuentes e inseguridad alimentaria crónica, afectando el desarrollo del páncreas y reduciendo su capacidad para producir insulina. A diferencia de la T1D y T2D, el daño pancreático se asocia a este desarrollo incompleto y no a una reacción autoinmune ni resistencia a la insulina [5].
Con un predominio masculino, la T5D se suele observar en personas jóvenes (menores de 30 años), delgadas (IMC <18,5 kg/m2), con hiperglucemia moderada a grave, niveles bajos de péptido C y sin antecedentes de cetoacidosis [1, 2, 3]. Si bien no son características presentes en todos los pacientes, su identificación permite realizar un diagnóstico diferencial [1].
En este sentido, un diagnóstico erróneo de T1D o T2D en pacientes con esta enfermedad puede tener implicancias clínicas significativas. En el primer caso, la administración de dosis elevadas de insulina aumenta el riesgo de hipoglucemia. En el segundo, la restricción calórica o la prescripción de ciertos fármacos -como los agonistas del receptor de GLP-1 o la metformina- podrían provocar una pérdida de peso perjudicial [1, 2].
La falta de detección y tratamiento oportuno puede reducir de forma importante la esperanza de vida de los pacientes, "quienes a menudo no viven más de un año después del diagnóstico", advierte la doctora Hawkins [4, 5]. Además, sin una atención adecuada, existe un mayor riesgo de complicaciones como daño nervioso, enfermedad renal y problemas de visión [5].
Una terapia personalizada
No existe un enfoque ideal para el manejo de T5D. Por ello, un plan terapéutico personalizado e individual es fundamental. Para controlar la hiperglucemia y evitar la hipoglucemia, una opción es administrar cantidades mínimas de insulina o aplicar tratamientos alternativos para estimular su secreción. A su vez, utilizar sulfonilureas con precaución también podría ser de utilidad [1, 5].
Además de la terapia farmacológica, la rehabilitación nutricional y la educación en salud son pilares clave para el manejo a largo plazo. En contextos socioeconómicos desfavorables, es importante basar las intervenciones dietéticas en alimentos disponibles localmente, culturalmente adaptables y de bajo costo. Así, lograr una alimentación que equilibre el aporte proteico, energético y de micronutrientes. Paralelamente, se debe considerar la educación nutricional de las familias y los trabajadores de salud [1].
La capacitación del personal sanitario sobre la presentación y fisiopatología particular de la diabetes tipo 5 favorece la detección temprana, el asesoramiento dietético continuo y el seguimiento de la adherencia al tratamiento. Especialmente, en países de medianos y bajos ingresos [6]. Su clasificación oficial debe considerarse un llamado a la "acción", que priorice la investigación, promueva un enfoque integral de salud pública y ponga fin a décadas de olvido [3].
Bibliografía:
[1] Wadivkar, P. et al. (2025). Classifying a distinct form of diabetes in lean individuals with a history of undernutrition: an international consensus statement. The Lancet Global Health.
[2] Wadivkar, P. et al. (2025). Type 5 diabetes: a 70-year perspective and its implications for the Americas. The Lancet Regional Health.
[3] Taneera, J. et al. (2026). Type 5 diabetes: A comprehensive review to understand the basis of diabetes of poverty. BBA - Molecular Basis of Disease.
[4] Montefiore Einstein (2025). Einstein Research Leads to Designation of New Type of Diabetes. Recuperado de: https://montefioreeinstein.org/news/2025/04/08/einstein-research-leads-designation-new-type-diabetes
[5] International Diabetes Federation. Type 5 diabetes. Recuperado de: https://idf.org/about-diabetes/types-of-diabetes/type-5-diabetes/
[6] Prajitno, J. & Sutanto, H. (2025). Type 5 diabetes as a growing malnutrition driven health crisis in low and middle income countries. Journal of Diabetes & Metabolic Disorders.
Por Dominique Vieillescazes Morán