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12 Enero 2026

Cuando el verano se vuelve un dolor de cabeza

Millones de personas sufren de migraña, exponiéndose a síntomas discapacitantes que afectan su salud y bienestar. Para ellos, la estación genera un entorno biológicamente hostil que exacerba su condición.

El verano es sinónimo de descanso, días más largos y una pausa en la rutina. Sin embargo, mientras unos disfrutan del sol y las vacaciones, otros comienzan a anticipar una temporada menos amable.

En pacientes susceptibles, el aumento sostenido de las temperaturas puede transformar este período de relajo en un escenario propicio para la aparición o exacerbación de migrañas, convirtiendo el calor en un factor clínico importante.

¿Por qué? Estudios científicos sugieren que las temperaturas elevadas actúan como un estresor ambiental que altera la homeostasis neurológica, vale decir, la capacidad del sistema nervioso para mantener un equilibrio interno estable y constante (temperatura, potencial de hidrógeno, presión y glucosa) a pesar de las fluctuaciones externas, coordinando respuestas fisiológicas mediante mecanismos de retroalimentación y redes neuronales, una característica fundamental para la supervivencia y adaptación del organismo [1].

Respuestas insuficientes

La exposición a altas temperaturas ambientales representa un estresor significativo para la fisiología humana, desafiando los mecanismos de homeostasis térmica y desencadenando respuestas integradas que involucran sistemas cardiovasculares, renales y neurológicos. El organismo intenta mantener una temperatura interna estable mediante la vasodilatación cutánea y la sudoración para favorecer la disipación del calor. Sin embargo, cuando estas respuestas son insuficientes -por ejemplo, en olas de calor intensas o prolongadas- el balance térmico se altera y se compromete la regulación central de la temperatura [2].

Desde una perspectiva fisiopatológica, la incapacidad para disipar el calor genera hipertermia (incremento de la temperatura corporal central), lo que puede alterar la perfusión cerebral y la integridad de las barreras neurovasculares. Modelos experimentales y revisiones señalan que el estrés térmico severo daña estructuras como las barreras hematoencefálica y sangre-líquido cefalorraquídeo, conduciendo a edema cerebral, reducción del flujo sanguíneo cerebral y acumulación de mediadores proinflamatorios en el espacio intersticial [3].

Estas alteraciones fisiológicas están asociadas a síntomas neurológicos frecuentes en las enfermedades por calor, entre los cuales el dolor de cabeza es uno de los más reportados.

En un estudio de cohorte retrospectivo, pacientes que experimentaron golpes de calor presentaron un riesgo significativamente mayor de desarrollar migraña en los años posteriores, sugiriendo que la hipertermia severa puede facilitar la aparición de desórdenes cefálicos de carácter crónico [4].

Este hallazgo es consistente con evidencia clínica y de casos en donde la cefalea persistente se documenta como síntoma prominente tras episodios de hipertermia grave, como un golpe de calor o el estrés térmico prolongado durante exposiciones ambientales extremas [5].

Aumento de hospitalizaciones

Desde una perspectiva epidemiológica más amplia, las variaciones en la temperatura ambiental y las olas de calor se han asociado con aumentos en hospitalizaciones por trastornos neurológicos y consultas por migraña y cefalea, especialmente en grupos vulnerables (personas mayores, enfermos crónicos y poblaciones con comorbilidades que afectan la termorregulación) [6].

Según esta investigación, publicada en la revista Environment International, los efectos del calor sobre el sistema nervioso no se limitan a un dolor de cabeza intenso y pueden incluir deterioro cognitivo transitorio, disfunción del estado de alerta y exacerbación de síntomas en pacientes con condiciones neurológicas preexistentes [6].

Factor ambiental

Aunque no existe una clasificación formal de "cefalea por calor" dentro de las guías internacionales, como ICHD-3 [7], sí se reconoce que este fenómeno puede agravarla, así como otros tipos de dolor de cabeza [5]. En esa línea, el manejo clínico se apoya en principios fisiológicos de homeostasis térmica y de migraña primaria, más que en protocolos específicos descritos en la literatura.

La cefalea estival es multicausal y responde a mecanismos biológicos específicos como la deshidratación, estrés neuronal, vasodilatación por calor, disrupción del ritmo circadiano y fotosensibilidad [8]. La exposición a este cuadro se incrementa 7,5% por cada 5 °C que aumenta la temperatura, aseguran científicos en la revista Neurology [9].

Según la Sociedad Española de Neurología, la migraña afecta a más de 1.100 millones de personas en todo el mundo [10]. El 70% de ellos reporta exacerbaciones durante el verano [8], lo que refleja el impacto de este problema sobre la población y sus consecuencias a nivel personal, familiar, social y laboral.

Al no tener cura, es fundamental tratar y controlar sus síntomas, que van desde el dolor de cabeza intenso y pulsátil hasta náuseas, vómitos, fatiga y cambios de humor. El enfoque dependerá de la gravedad de estos y la frecuencia de los episodios.

La hidratación terapéutica, la fotoprotección y el control de los ritmos circadianos [11] son pilares clínicos esenciales para mitigar la hiperreactividad neurovascular y prevenir la exacerbación de las crisis durante el periodo estival. 

Considerar el calor extremo como un factor ambiental relevante en la práctica clínica cotidiana es clave para recuperar el bienestar de millones de personas que anhelan disfrutar del verano sin dolor.

Bibliografía:
[1] Neurofisiología. Nota de prensa. https://www.kenhub.com/es/library/fisiologia/neurofisiologia
[2] Savioli G, Zanza C, Longhitano Y, Nardone A, Varesi A, Ceresa IF, Manetti AC, Volonnino G, Maiese A, La Russa R. Heat-Related Illness in Emergency and Critical Care: Recommendations for Recognition and Management with Medico-Legal Considerations. Biomedicines. 2022 Oct 12;10(10):2542.
[3] Yoneda K, Hosomi S, Ito H, Togami Y, Oda S, Matsumoto H, Shimazaki J, Ogura H, Oda J. How can heatstroke damage the brain? A mini review. Front Neurosci. 2024 Oct 10;18:1437216.
[4] Kostev K, Rodemer I, Konrad M, Bohlken J. Heatstroke Is Associated with an Increased Risk of Chronic Headache: A Retrospective Cohort Study. Brain Sci. 2025 Sep 19;15(9):1011.
[5] Di Lorenzo C, Ambrosini A, Coppola G, Pierelli F. Heat stress disorders and headache: a case of new daily persistent headache secondary to heat stroke. BMJ Case Rep. 2009;2009:bcr08.2008.0700.
[6] Byun G, Choi Y, Foo D, Stewart R, Song Y, Son JY, Heo S, Ning X, Clark C, Kim H, Michelle Choi H, Kim S, Kim SY, Burrows K, Lee JT, Deziel NC, Bell ML. Effects of ambient temperature on mental and neurological conditions in older adults: A systematic review and meta-analysis. Environ Int. 2024 Dec;194:109166.
[7] Clasificación internacional de los trastornos del dolor de cabeza, 3.ª edición. Publicación del Comité de Clasificación de la International Headache Society. https://ichd-3.org/
[8] Migraña y verano: el impacto de las altas temperaturas en el sistema nervioso. Nota de prensa. https://www.intramed.net/content/migrana-y-verano-el-impacto-de-las-altas-temperaturas-en-el-sistema-nervioso
[9] Mukamal KJ, Wellenius GA, Suh HH, Mittleman MA. Weather and air pollution as triggers of severe headaches. Neurology. 2009 Mar 10;72(10):922-7.
[10] 1 de cada 7 personas, en todo el mundo, padece migraña. Sociedad Española de Neurología. Nota de prensa. https://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link450.pdf
[11] Ritmos circadianos: un factor clave en los desencadenantes de la migraña. Nota de prensa. https://www.icliniq.com/articles/migraines-and-headaches/circadian-rhythms-and-migraine

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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