Prevención del daño renal y su impacto en la salud
Hábitos cotidianos y controles oportunos permiten prevenir esta afección que suele avanzar sin síntomas y comprometer seriamente el bienestar.
Los riñones son órganos esenciales para el equilibrio del cuerpo humano. A través de ellos se filtran desechos, toxinas y exceso de líquidos, se regulan minerales y se contribuye al control de la presión arterial. Cuando su funcionamiento se altera, las consecuencias pueden ser profundas y, en muchos casos, imperceptibles durante años, lo que dificulta un diagnóstico precoz y oportuno.
"Muchas patologías renales no presentan señales claras en sus etapas iniciales. Por eso, los chequeos periódicos, sobre todo en personas con factores de riesgo, son determinantes para identificar alteraciones antes de que el daño sea irreversible”, explica Sinaí Claros Rocabado, docente de medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
La magnitud del problema es relevante a nivel global. Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que cerca del 10% de la población mundial vive con enfermedad renal crónica, una condición progresiva que puede poner en riesgo la vida si no se detecta y trata a tiempo.
El resguardo de la función renal está estrechamente ligado al estilo de vida. Mantener la presión arterial y la glicemia dentro de rangos adecuados, reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados, asegurar una hidratación suficiente y realizar evaluaciones médicas regulares son medidas que contribuyen significativamente a disminuir el riesgo de daño progresivo.
"Comprender el rol que cumplen los riñones y cómo protegerlos es fundamental para sostener una buena calidad de vida en el largo plazo", sostiene el doctor Rocabado, quien recalca que el desconocimiento sigue siendo una de las principales barreras para la prevención.
La evidencia médica demuestra que factores como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado y el exceso de peso influyen directamente en el deterioro renal. Mantener estos indicadores bajo control no solo reduce complicaciones cardiovasculares, sino que también protege la capacidad de filtración del organismo.
Desde el ámbito bioquímico, el daño se produce de forma lenta y acumulativa. Marisol Molina, docente de la carrera de Bioquímica y Farmacia de Unifranz, explica que "los riñones son la principal vía de eliminación de sustancias tóxicas. Con el tiempo, esa carga va lesionando las nefronas y, cuando el proceso avanza, el órgano deja de cumplir su función de manera eficiente".
Este carácter progresivo explica por qué muchas personas no presentan síntomas hasta etapas avanzadas. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la enfermedad renal crónica puede desarrollarse durante años sin manifestaciones clínicas, siendo los exámenes de sangre y orina las únicas herramientas efectivas para detectarla de manera temprana.
A esto se suman creencias erróneas que dificultan la prevención. Pensar que el daño renal afecta solo a adultos mayores o que únicamente quienes tienen antecedentes familiares están en riesgo retrasa la consulta médica. La realidad es que cualquier persona expuesta a malos hábitos o enfermedades metabólicas puede desarrollar insuficiencia renal.
La automedicación representa otro factor crítico. "El uso indiscriminado de fármacos aumenta la toxicidad que los riñones deben filtrar. Ese exceso termina dañando las nefronas y compromete la función renal a largo plazo", advierte Molina.
Cuidar los riñones es una decisión diaria. Incorporar conductas saludables y realizar controles médicos de forma regular permite prevenir enfermedades silenciosas y preservar la salud general. Proteger la función renal es, en definitiva, una inversión directa en bienestar, autonomía y calidad de vida.