El hígado graso avanza sin síntomas visibles
La enfermedad hepática se consolida como un problema silencioso de salud pública que puede derivar en complicaciones graves si no se detecta a tiempo.
El hígado graso, particularmente en su variante no alcohólica, representa una de las afecciones metabólicas más extendidas a nivel global. Su progresión suele ser lenta y carente de manifestaciones claras, lo que dificulta su identificación temprana y favorece daños irreversibles como fibrosis, cirrosis o carcinoma hepático.
La docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo, Magaly Bishop, explica que en las fases iniciales la patología no presenta signos clínicos evidentes, situación que retrasa el diagnóstico y el inicio del tratamiento. Desde el ámbito académico, la especialista advierte que la ausencia de síntomas contribuye a que muchos pacientes no acudan a controles preventivos.
Bishop señala que el hígado graso no alcohólico está directamente asociado al aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y las alteraciones del colesterol, factores metabólicos cada vez más frecuentes en la población. A ello se suman el sedentarismo y los hábitos alimentarios inadecuados, característicos del estilo de vida moderno.
Cuando el daño hepático progresa, pueden manifestarse cansancio persistente, molestias abdominales inespecíficas o alteraciones en las pruebas de laboratorio. La especialista remarca que estos signos suelen aparecer cuando el órgano ya presenta compromiso funcional.
El diagnóstico se realiza mediante análisis sanguíneos e imágenes médicas, y el abordaje se centra en modificaciones sostenidas del estilo de vida. Desde Unifranz se enfatiza que la educación en salud y el seguimiento médico periódico son determinantes para prevenir complicaciones graves.