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24 Agosto 2026

Dr. José Mauricio Arce Carreón:

“Tenemos la obligación de generar conocimiento propio en cardiología

El desarrollo de la especialidad avanza junto con la incorporación de nuevas tecnologías, la formación de profesionales y la necesidad de construir estrategias adaptadas a enfermedades prevalentes como el Chagas.

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Las patologías cardiovasculares representan una de las principales causas de morbimortalidad en el mundo y su abordaje requiere una actualización permanente frente a los cambios epidemiológicos, terapéuticos y tecnológicos.

En este escenario, el manejo de las alteraciones del ritmo cardíaco ha experimentado una profunda transformación durante las últimas décadas, impulsado por herramientas diagnósticas más precisas, procedimientos intervencionales avanzados y estrategias orientadas a mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Para los sistemas sanitarios de América Latina, el desafío no solo está en incorporar estos avances, sino también en responder a las características propias de sus poblaciones. La experiencia clínica acumulada en patologías regionales permite generar evidencia relevante y aportar una mirada complementaria a los conocimientos provenientes de otros centros internacionales.

El doctor José Mauricio Arce Carreón, presidente de la Sociedad Boliviana de Cardiología y especialista en electrofisiología cardíaca, analiza los principales cambios que han marcado esta área, las barreras que aún condicionan el acceso a terapias avanzadas y la importancia de fortalecer una medicina basada en la realidad de cada país.

-  Desde su experiencia, ¿cuáles han sido los avances que más han cambiado el diagnóstico y tratamiento de las arritmias?

La electrofisiología en estos últimos diez años ha tenido un avance importante, principalmente desde el punto de vista tecnológico. Esto ha permitido mejorar tanto la pesquisa como el abordaje de esta enfermedad, especialmente en el caso de la fibrilación auricular.

Uno de los cambios más relevantes ha sido la evolución de los sistemas de mapeo electroanatómico, que actualmente son mucho más eficaces y permiten comprender con mayor precisión el origen de los trastornos del ritmo. Esto se ha complementado con nuevas estrategias de ablación, entre ellas la crioterapia y, más recientemente, la ablación mediante campos eléctricos pulsados (PFA), una tecnología que está llegando progresivamente a nuestros países y que tiene un futuro muy prometedor.

Estas herramientas permiten realizar procedimientos más seguros y con mayor precisión, lo que finalmente se traduce en mejores resultados para los pacientes.

- ¿Qué tecnologías considera que marcarán el futuro del tratamiento de los trastornos del ritmo cardíaco en América Latina?

Los marcapasos sin cable representan una alternativa tecnológica muy interesante y probablemente continuarán evolucionando. Sin embargo, uno de los desafíos actuales es conseguir una estimulación más fisiológica. En esta línea, hoy avanzamos hacia estrategias como la estimulación del sistema de conducción, particularmente del ramo izquierdo, orientadas a reproducir de mejor manera la activación normal del corazón.

Por ello, estos dispositivos aún deben perfeccionar la precisión del sitio donde se entrega el estímulo para lograr resultados más cercanos a la fisiología cardíaca.

Respecto al monitoreo remoto, considero que será cada vez más relevante. La mayoría de los dispositivos incorporan esta herramienta, permitiendo un seguimiento más cercano y oportuno. Las empresas fabricantes tienen un rol importante en continuar desarrollando sistemas que faciliten la vigilancia de los pacientes.

Otro aspecto fundamental será mejorar la duración de las baterías o avanzar hacia sistemas de recarga inalámbrica, con el objetivo de disminuir los recambios de generadores y reducir la necesidad de nuevos procedimientos.

- Se suele asociar a las arritmias únicamente con las palpitaciones. ¿Cuáles son las señales de alerta que no deben pasarse por alto?

Las palpitaciones llaman mucho la atención, especialmente cuando tienen una característica irregular. Una persona que presenta episodios de este tipo debe considerarlo una señal que requiere evaluación.

Sin embargo, también existen pacientes con arritmias que no tienen una percepción clara del trastorno. Pueden manifestarse con mareos, pérdida repentina de fuerza e incluso recuperación espontánea posterior. En estos casos, una alteración del ritmo puede estar detrás de esos sucesos.

Además, existe un grupo que todavía no presenta una arritmia establecida, pero tiene factores que pueden anticipar su aparición. Un ejemplo es aquel que ronca mucho, porque los trastornos del sueño y la apnea pueden constituir una condición preclínica asociada a su desarrollo.

- ¿Cuáles son las principales barreras para acceder a procedimientos como la ablación por catéter o el implante de marcapasos y desfibriladores?

La mayor dificultad en nuestro país está relacionada con el sistema de salud público y la posibilidad de garantizar acceso a estas tecnologías para todos. Los marcapasos son prótesis importadas que no fabricamos localmente y, por lo tanto, representan un costo elevado. 

Algo similar ocurre con la ablación por radiofrecuencia. Los nuevos aparatos utilizan catéteres codificados y, en muchos casos, requieren un dispositivo específico para cada individuo. Cuando no son cubiertos por la seguridad social, el costo se vuelve una limitante significativa.

Por eso, uno de los grandes desafíos es fortalecer las políticas públicas para que la tecnología disponible pueda beneficiar también a los pacientes con menores recursos.

- Los dispositivos inteligentes están detectando cada vez más alteraciones del ritmo cardíaco. ¿Cómo cree que estas herramientas aportarán a la práctica clínica?

Todavía no están todos incorporados en las guías para la detección de arritmias. Existen algunas excepciones, como ciertos aparatos aprobados para identificar fibrilación auricular, pero todavía estamos en una etapa de evolución.

Por la sensibilidad que pueden alcanzar estos equipos, y con recomendaciones adecuadas por parte de los especialistas, en el futuro podrán ayudarnos a identificar signos específicos relacionados con alteraciones del ritmo, diferenciar ciertos tipos de taquicardias y realizar una evaluación inicial más eficiente.

Incluso, existen tecnologías que utilizan cámaras para analizar características pulsátiles mediante fotopletismografía a distancia. Hoy todavía no tienen una validación clínica suficiente para reemplazar métodos tradicionales, pero muestran hacia dónde se dirige la innovación.

- Mirando hacia los próximos cinco o diez años, ¿qué cambios son necesarios para fortalecer la atención de pacientes con arritmias en Bolivia?

Además de las políticas sanitarias necesarias, sería muy importante reducir o eliminar los impuestos asociados a los insumos médicos que no fabricamos en el país. Esto permitiría disminuir los costos y facilitar el acceso de aquellos con menos recursos.

Otro aspecto esencial es mantener una formación médica constante. Donde me formé había una frase que siempre recuerdo: "La institución que no enseña, degenera". Tenemos que estar permanentemente enseñando para mantenernos actualizados.

- ¿Cómo definiría la salud cardiovascular del país?

Creo que estamos viviendo un proceso positivo de crecimiento. Antes, muchos pacientes llegaban con estrategias terapéuticas antiguas, pero hoy las nuevas generaciones de especialistas se están formando con información actualizada y utilizando guías internacionales.

Tenemos además una característica propia: somos expertos en enfermedad de Chagas porque convivimos con ella en nuestra realidad. Muchas veces observamos que personas que llegan desde Europa o Norteamérica son tratadas con estrategias que nos sorprenden, porque nuestra experiencia con esta patología es mucho mayor.

Las arritmias asociadas al Chagas tienen características diferentes a aquellas relacionadas con cardiopatías idiopáticas o isquémicas. Por eso tenemos la obligación de desarrollar conocimiento propio y generar guías adaptadas a nuestra población.

Contamos con especialistas en diversas áreas de la cardiología y debemos seguir impulsando nuevas subespecialidades. No solamente necesitamos fortalecer áreas tradicionales como hemodinamia, electrofisiología o ecocardiografía, sino también campos como cardiopatía de la mujer, cardiopatías congénitas del adulto, trasplante y rehabilitación cardíaca. El futuro es esperanzador porque estamos formando recursos humanos capaces de responder a las necesidades cardiovasculares del país.

Por María Ignacia Meyerholz

cardiología, chagas