Dr. Alex Antezana Arzabe:
“Debemos ver la rodilla como un órgano, no solo como una articulación”
El cartílago articular presenta desafíos para la medicina regenerativa, en especial en deportistas, donde el daño suele aparecer de forma temprana y progresiva.
La regeneración de cartílago articular continúa siendo uno de los mayores retos en traumatología deportiva. A diferencia de otros tejidos, el hialino carece de vascularización, lo que limita su capacidad de autorreparación ante lesiones.
Esta situación se vuelve más crítica en pacientes jóvenes y deportistas de alto rendimiento, donde el daño puede surgir incluso tras intervenciones aparentemente exitosas como la reparación meniscal o la reconstrucción ligamentaria.
Frente a este panorama, técnicas como el uso de ortobiológicos, condrocitos subcondrales, nanofracturas e incluso células madre emergen como alternativas terapéuticas con creciente respaldo clínico y científico. En entrevista con el doctor Antezana, especialista en cirugía ortopédica y traumatología del deporte de Cochabamba y director del Centro de Traumatología Deportiva Antezana, analiza los principales avances, desafíos y proyecciones en el área.
- ¿Cuál considera que es el principal desafío en la regeneración de cartílago?
En los últimos diez años hemos visto un aumento significativo de lesiones, sobre todo en articulaciones como cadera, rodilla y tobillo, en especial en deportistas de contacto, como los futbolistas. El gran problema es que, muchas veces, ya han sido intervenidos por problemas meniscales o de ligamento cruzado anterior, lo que aumenta el riesgo de degeneración progresiva. Pero, más allá del tejido en sí, debemos entender a la rodilla como un órgano integral. Las alteraciones sinoviales, meniscales o incluso biomecánicas afectan directamente su salud. No se trata solo de reparar un punto, sino de preservar un sistema funcional completo.
- ¿Qué particularidades lo hacen tan difícil de reparar?
El cartílago articular es avascular y depende completamente de la nutrición proveniente del hueso subcondral. Esta característica limita su capacidad de regeneración espontánea. Además, si se toma una muestra de la interfase cartílago-hueso y se analiza, se observa un aumento de fibras nerviosas, lo cual incrementa la sensibilidad. Eso implica más dolor y disfunción en lesiones avanzadas. A eso se suma que muchas veces los pacientes llegan en etapas muy avanzadas, por lo que deberíamos enfocarnos en el diagnóstico temprano, evaluando incluso los ejes de carga y el perfil hormonal para entender qué puede estar influyendo negativamente.
- ¿Cuáles son las técnicas regenerativas más utilizadas en su práctica clínica?
Dentro de las que más empleamos está el sembrado de condrocitos subcondrales, combinado con ortobiológicos, lo que nos ha permitido observar regeneración de cartílago con genotipo tipo II en controles artroscópicos posteriores. También aplicamos nanofracturas, OATs (osteochondral autograft transfer system) y microfracturas, aunque estas últimas tienen una sobrevida más limitada, cercana a los dos años. El verdadero desafío está en lo que hacemos después de aplicar la técnica: cómo protegemos ese nuevo cartílago para que no vuelva a degenerar.
- ¿De qué manera están contribuyendo las células madre y otras terapias biológicas?
Son una herramienta prometedora, pero hay que entender bien sus requerimientos. Se necesita un entorno adecuado, expansión celular, caracterización del linaje y una segunda cirugía para implantarlas. Todo esto implica costos muy altos y no todos los sistemas de salud lo permiten. En países como Chile, Brasil y Colombia ya se está avanzando bastante, pero en otras partes de Latinoamérica aún hay muchas limitaciones. Por eso los ortobiológicos están ganando espacio, ya que son más accesibles y ayudan a crear un ambiente favorable para la regeneración tisular.
- ¿Qué criterios utiliza para determinar si un paciente es candidato a terapias regenerativas?
El factor edad es clave. En jóvenes, evitar una prótesis de rodilla temprana es una prioridad, considerando que tienen una duración promedio de 10 a 15 años. Si a los 35 ya colocamos una, probablemente requerirá una revisión a los 50 y otra más adelante, con menor calidad. Por eso, preferimos terapias regenerativas en ese grupo. Pero también evaluamos la biomecánica y los ejes de carga. A veces, es necesario hacer una osteotomía antes de aplicar cualquier tratamiento regenerativo para reducir la sobrecarga en el compartimento lesionado.
- ¿Qué métodos utiliza para evaluar la eficacia de estos tratamientos?
En nuestra experiencia, los resultados son buenos cuando se elige bien al paciente y se hace un seguimiento adecuado. Hablamos de un 75% a 80% de eficacia si se siguen los controles, se usa ácido hialurónico y se mantiene una rehabilitación constante. Muchos abandonan el tratamiento y vuelven cuando el daño ya está muy avanzado. Es fundamental acompañar con trabajo muscular, reeducación de la marcha y fortalecimiento general, ya que esta es una patología crónica que descompensa todo el sistema.
- ¿Cuáles son las principales limitaciones para aplicar estas técnicas en Bolivia?
La principal barrera es económica. Muchos no tienen acceso a una medicina de alta complejidad o a terapias de alto costo. Por eso debemos adaptarnos a las posibilidades de cada uno, sin perder de vista que existen técnicas más accesibles que también ofrecen buenos resultados. Hay que equilibrar la evidencia con la realidad del contexto local.
- ¿Qué proyecciones ve para esta área en los próximos años?
El futuro es muy promisorio. Ya estamos viendo la incorporación de inteligencia artificial para clasificar pacientes y definir tratamientos más precisos. También se están desarrollando nuevas matrices, biomateriales y estrategias de estimulación tisular que podrían cambiar la forma en que enfrentamos la artrosis. Cada año aparecen nuevas herramientas que nos acercan más a la solución definitiva.
- ¿Cómo aconsejaría a sus colegas que quieren integrar estas técnicas en su práctica?
La selección del paciente es esencial. En deportistas debemos anticiparnos a la degeneración para tener una mejor respuesta regenerativa. Pero, sobre todo, hay que ser honestos con las posibilidades de éxito y manejar expectativas claras.
Por María Ignacia Meyerholz
